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RESEÑA | Pray Away: un documental para desmentir el movimiento "ex-LGBT"

Este filme que debuta en el Festival de Tribeca 2021 desmonta la farsa de las mal llamadas "terapias de conversión" desde el interior al recopilar testimonios de ex integrantes que ahora reniegan de ellas.

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RESEÑA | Pray Away: un documental para desmentir el movimiento "ex-LGBT"

Este filme que debuta en el Festival de Tribeca 2021 desmonta la farsa de las mal llamadas "terapias de conversión" desde el interior al recopilar testimonios de ex integrantes que ahora reniegan de ellas.

POR Gabriel Escogido -

En la Biblia, cuando Moisés habla con Yahvé, quien ha tomado la forma de un arbusto en llamas para darle la misión de liberar a los judíos de Egipto, le pregunta quién es y cuál es su nombre. “Yo soy el que soy”, es lo que le contesta. La respuesta ha sido interpretada como una figura tautológica que implica el origen divino o natural de Dios, quien no se explica a sí mismo o su origen, no da razones de ser quién es, ni tiene que ahondar en los motivos que dan paso a su identidad para ser legítimo. Desafortunada e irónicamente, esa respuesta es insignificante para muchas instituciones religiosas que, por décadas, han visto la diversidad sexual como una patología y siguen haciéndolo pese al desacuerdo del consenso científico de que todas estas orientaciones e identidades son naturales y no son producto de trastornos mentales.

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Este pasaje tiene lugar en el Éxodo, libro del Antiguo Testamento del cual toma su nombre la organización Exodus International, misma que está al centro del documental Pray Away, de la directora Kristine Stolakis, el cual expone las mentiras y estafas de las mal llamadas “terapias de conversión”. Esto al recuperar los testimonios de ex voceros que aseguraron haber sido “curados” de la homosexualidad por ese grupo. El filme ha sido estrenado esta semana en el Festival de Tribeca 2021.

Con el objetivo de desmontar el fraude de las “terapias de conversión”, la directora presenta conversaciones con cinco de los anteriores voceros de Exodus, quienes ahora aceptan sus orientaciones sexuales, lamentan haber mentido por años y sirven como un estudio de grupo que, mediante el relato de sus experiencias, revelan lo inservible y tortuoso de someterse y adherirse a un autoengaño sólo para mantener la pertenencia a un grupo religioso. Pray Away no sólo es un testimonio de primera mano de que estas prácticas son un fraude, sino un advertencia de que este tipo de organizaciones están retomando fuerza.

Los relatos de los ex integrantes de Exodus resultan terriblemente perturbadores. Este efecto proviene del contraste entre la aceptación que ahora tienen por sus orientaciones sexuales y la reflexión que aportan sobre sus papeles en esta organización con el autoengaño que vivieron y trataron de replicar el cual es puesto en pantalla cuando Pray Away monta sus testimonios junto al material de archivo en el que los vemos, décadas antes, en entrevistas, conferencias y pláticas en los que se presentan como “casos de éxito” de este tipo de prácticas. El nivel de convencimiento que cada uno de estos personajes mediáticos demuestra en ese metraje, en oposición al arrepentimiento que exhiben en el presente tiene un fuerte impacto emocional que habla no sólo del conflicto individual al interior de cada uno, sino del poder que tiene el deseo de ser aceptado en la conformación de sus identidades.

Este tema ha sido tratado en el cine con anterioridad. El tema de la religión y sus diversos intentos por “corregir” la homosexualidad con frecuencia tiene lugar en subtramas de filmes sobre personajes LGBT. Uno de los más recientes, y que está basado en las memorias de un hombre gay que fue ingresado en un campamento con ese ridículo propósito, es Corazón Borrado - 93%, del director Joel Edgerton, el cual retoma los hechos que tienen lugar allí. Puede que ese filme y este, que explora lo que sucede a futuro con las personas que las prometen efectivas se complementen bien una a la otra.

La película documental también muestra la complejidad del peso que cargan estos protagonistas, el cual implica no sólo por el daño individual que les infligió ser parte de esa clase de organización, sino la relación que tienen con el que ellos perpetraron a otros jóvenes al validarlos por tanto tiempo. Casi al final, uno de ellos explica cómo jamás podrá realmente perdonarse a sí mismo por fingir que había sido “curado” de su homosexualidad, porque sabe muy bien que tiene “sangre en las manos”, pues las “terapias de conversión”, cuyo nombre más preciso es ECOSIG (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género), provocan severos daños a la salud mental de la población LGBT y están vinculados a situaciones tan graves como intentos de suicidio. El filme no se aleja o acobarda de tocar estos temas o de dejar que sus personajes lo hagan, por más crudos que sean. En otras palabras, no es una película alegre sobre cómo estas personas llegaron a la aceptación de sus identidades sino una honesta y, a ratos, devastadora asimilación de haber errado de forma permanente e hiriente y del enfrentamiento con sus consecuencias.

Pese al valor que por sí mismo podría tener ver a las personas que legitiman tales estafas desmontar el fraude, Stoleski da otra dimensión a su obra al enmarcar los testimonios, de manera muy hábil, con el caso de Jeffrey, un individuo que se identifica como “ex trans” y con el que Pray Away comienza. En sus primeros minutos, la película lo sigue mientras trata de contar la historia de cómo Jesús lo salvó de ser LGBT a distintos transeúntes. Al colocar la historia de este personaje en los márgenes del relato de Exodus, la directora crea una subtrama que habla sobre la vigencia y lo atractivo que siguen siendo los ECOSIG hoy en día para la juventud de la diversidad sexual que es criada bajo la noción de que sus orientaciones o identidades no son aceptables.

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El documental expone cómo Jeffrey empieza, a través de Facebook, una pequeña página para personas LGBT que quieran dejar de serlo y cómo poco a poco ésta comienza a crecer o a recibir “likes”. De esta forma, el relato crea un paralelo en el que vemos a otra generación de supuestos voceros ex LGBT fundando sus propias ECOSIG usando de pretexto la religión mientras vemos también a sus antecesores arrepentirse de eso mismo. El resultado es un filme estremecedor que habla sobre el poder que tienen, como lo han probado en el pasado los psicólogos sociales, los grupos de referencia, como la religión, sobre la conformación de la identidad individual.

No sobra mencionar que, pese a lo polémico que resultan estos temas, Stokalis logra mantener una distancia frente a sus personajes; es decir, no los juzga sino que simplemente los deja contar sus historias. Lo mismo ocurre con Jeffrey a quien con frecuencia vemos desde lejos, sin realmente interferir o cuestionar sus ideas o por lo menos no de forma directa. La realizadora permite al espectador dibujar los paralelismos entre él y los fundadores de Exodus libremente.

Pray Away forma parte de la programación de Tribeca 2021, pero es un título original de Netflix que fue producido por el director Ryan Murphy. Todavía no hay una fecha específica para el estreno del filme en la plataforma, pero se espera que encuentre una en el mes de agosto. Dado que las personas LGBT todavía son confrontados con el estigma de padecer alguna clase de trastorno, o en el que celebridades e incluso periodistas, deciden ignorar a la ciencia, el escuchar de primera mano el fraude que los ECOSIG son quizá resulte más efectivo para desarticular el discurso a su alrededor. Tal como Yahvé, la orientación sexual no se explica, ni se tiene que justificar, simplemente es la que es.

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